EP #5 – 7 bases estratégicas que necesitas definir en tu emprendimiento de maquillaje

¡Hola colegas! ¿Cómo están? Bienvenidas al quinto episodio de “Jefa en maquillaje”, mi podcast sobre marketing y experticia.

Hoy quiero compartirles un poco de mi paso por la vieja escuela del maquillaje, donde aprendí el oficio de la mano de maestros increíbles.

Hablar de emprendimiento es difícil. No sólo porque cuando emprendemos nos atraviesan todas las emociones, si no por que implica hablar de nuestro trabajo y hacernos cargo. Hacernos cargo de lo que funciona y de lo que no funciona también. Lo difícil de emprender es cuando no sabemos cómo se hace, pero ni siquiera sabemos que deberíamos ser cómo se hace porque hay una manera de hacerlo.

En general, crecemos escuchando y mirando a otras emprendedoras, y entendemos que ese es el camino a seguir si no queremos trabajar de manera dependiente. Y enseguida la imagen de una personita caminando por una colina cuesta arriba cargando una bolsa de mil kilos empieza a aparecer cada vez que nos sentamos en una computadora a empezar nuestro proyecto, porque nadie nos dice lo solitario que puede ser este recorrido si no nos ocupamos de aprender a trabajar emprendiendo y de aprender a armar nuestra tribu de sostén, para que cuando se ponga difícil nos recuerden para qué estamos haciendo esto.

Quiero contarles que mi primer emprendimiento que incluyó la creación de un espacio, después de haber estudiado maquillaje social, fue en el año 2009. Armé un gabinete de servicios de cosmetología en uno de mis departamentos de Tandil. Sí, también soy cosmetóloga. Mi estrategia sería captar clientes para el gabinete, a las que les ofrecería tratamientos mensuales, para estar presente y disponible y si surgiera la oportunidad poder maquillarlas. Quería convertirme en su maquilladora de referencia. La realidad es que me ocupé de comprar todo el equipamiento y armar volantes que repartí por todo el centro de la ciudad… pero el teléfono no sonaba. Y las clientas tampoco llegaron, y yo tampoco entendía cómo hacerlas llegar y sostenerlas en el tiempo. En realidad, ser cosmetóloga no me encantaba, y la energía que podía y quería poner a ese proyecto no era la suficiente para sostener un espacio físico, así que continué trabajando a domicilio.

A la par, emprendí un proyecto para captar grupos de danza que necesitaran de mis servicios como maquilladora en sus muestras anuales en los teatros. Tengo registro de haber maquillado a más de 100 personas en un día. El presupuesto rendía económicamente muy bien, pero me resultaba muy desgastante trabajar tantas horas parada, maquillando tantas personas a máxima velocidad, retocando una y otra vez entre funciones. También me ocupé de armar y formar equipos de trabajo para delegar y alivianarme la tarea, pero con el tiempo y el desgaste…. dejó de parecerme divertido, y preferí no tomar más estos eventos.

Con mi regreso a mi ciudad natal, La Plata, en 2011 me reencontré con una de mis mejores amigas que también había estudiado maquillaje y conversando cómo podríamos hacer para trabajar de maquilladoras me comentó que en su familia había muchísimos niños pequeños, y que siempre la invitaban a fiestas infantiles dónde podríamos ofrecer el servicio. Ella era muy buena dibujando y yo tenía el maletín lleno de productos, nos capacitamos, seleccionamos los diseños, creamos los volantes de difusión con trabajos que realizamos una tarde con hijos de familiares, enviamos a imprimir 5 mil copias a color, y jamás las repartimos. Porque nunca establecimos un plan ni repartimos actividades (de esas que hay que hacer pero que no son específicas de la profesión) y para cuando teníamos todo listo, el verano había terminado y nuestra sociedad también. Como dato de color, la amistad continúa, cada una emprendiendo, pero por separado.

Más tarde, mientras todavía trabajaba como actriz por los teatros de Capital Federal, surgió la posibilidad de ser profesora de automaquillaje para actores para diferentes proyectos de obras y escuelas de teatro. Me encontré con mi faceta docente con la que resonaba de manera perfecta, era un rol que amaba ocupar y lo hacía con mucha dedicación. Sin embargo, me resultaba desgastante conseguir que los artistas respetaran los diseños programados y mi trabajo no se convirtiera en una versión libre. Descubrí un rol que quería potenciar, pero un cliente que tenía que aprender a soltar.

En el 2013 continué dando clases en un teatro, pero enfocado a personas que querían aprender maquillaje artístico, y luego amplié la oferta a automaquillaje y maquillaje social profesional. Fue una época donde todos mis cursos tenían cupo completo, entonces llegó un gran salto: la posibilidad de crear mi propia escuela de maquillaje. Y fui por eso. Pasé por varios espacios hasta lograr tener un espacio propio, separado de la casa de mi familia, luego separado de mi vida personal, hasta que pude tener un espacio 100% dedicado a la actividad comercial. Para lograr sostenerlo y gestionarlo, tuve que soltar el dictado de las clases que menos me gustaban (automaquillaje y maquillaje artístico, fue acá cuando decidí especializarme en maquillaje social) porque necesitaba tiempo para mejorar las propuestas de enseñanza de todos los profesores y conseguir más clientes. También, en la búsqueda de optimizar los ingresos incorporé venta de productos y amplié el horario de atención. De repente había creado un comercio a la calle, tenía empleadas en relación de dependencia y con el 35% de mis ingresos cubría impuestos. Funcionaba muy bien, con algunos altibajos propios de las temporadas que esperábamos estratégicamente con algún plan novedoso que moviera el mercado. Sí, todo fluía, hasta que decidí ser mamá… y sin saber demasiado de emprendimiento, sólo por tener la práctica pura del día a día, tenía clarísimo que no era nada viable y compatible ese trabajo de 16 hs diarias casi 6 días a la semana, con mi proyecto personal. Y no sabía trabajar menos, y el margen de rentabilidad no me lo permitía tampoco.

Paralelo a la decisión de soltar mi escuela, llegó la pandemia. ¿Casualidad? ¿Alivio? ¿Destino? No sé, para mi fue una oportunidad de tomar una licencia para criar a mi hija sin presiones, y mientras tanto pensar como continuar, como reinventarme, pero esta vez estudiando y aprendiendo cómo se crea un negocio. 

Pero nada es tan sencillo, ni siquiera estudiando. Una vez que todas las bases estratégicas de mi nueva marca personal estuvieron definidas al detalle, fue cuando sentí que algo no funcionaba y me hacía ruido. Por primera vez tenía un emprendimiento creado con sustento y con servicios alineados 100% a mi nueva vida, pero había algo que no tenía sentido para mí. Finalmente identifiqué que mi modelo de negocio sólo contemplaba la modalidad online, y yo necesitaba, gritaba y deseaba reincorporar la presencialidad para volver a enamorarme de la profesión. Así fue como en mi último plan de marketing incorporé la incorporación paulatina de servicios presenciales de maquillaje a protagonistas de eventos (especialmente novias) y de formación para profesionales que quieran aprender en vivo de mi experticia, pero que ya no lo haría limitándome a un espacio geolocalizado ni mucho menos me condicionaría a estancarme en el cumplimiento de un horario comercial. Todos los emprendimientos ajustan sus bases una y otra vez. Estamos siempre en movimiento, mejorando, adaptando y acomodándonos a las nuevas herramientas, pero también a las emociones que nos atraviesan a nosotras, y por lo tanto a lo que hacemos.

Pero en todo este camino reconozco en varios momentos sentirme estancada en un lugar que me resultaba desesperante: el vacío de no saber por dónde empezar y tampoco cuál era el próximo paso a dar. No saber siquiera qué era lo importante para mi emprendimiento y por lo tanto: no saber cómo ayudarlo, y cómo ayudarme.

Por eso hoy quiero compartirles las 7 bases estratégicas que necesitan definir en sus emprendimientos de maquillaje, para que puedan identificar en que etapa están y cómo pueden seguir ajustando sus negocios.

[9:40] Base estratégica #1 – Definir la especialización. El objetivo será encontrar alguna oportunidad de crear un emprendimiento que nos permita hacer más de eso que nos gusta, en un sector que se acomode a nuestra rutina y horarios, y que a su vez sea rentable.
En el episodio menciono a Nuria Martínez. Pueden conocer más de su propuesta en  su web y en su ig

[13:00] Base estratégica #2 – Definir tu cliente ideal.  La “cliente ideal” es un enfoque para trabajar en función de conectar para atraer más de esas clientes que nos emocionan y resuenan con nuestra propuesta.

[14:16] Base estratégica #3 – Definir tu propósito. El para qué estás haciendo esto y no estás haciendo otra cosa. El por qué estás haciendo esto, hablará del origen del proyecto, pero el para qué cuenta otra historia, la que hace referencia a tu misión.

[15:42] Base estratégica #4 – Definir la identidad de marca. Implica definir mucho más que el logo y la red social donde tendrá presencia. La identidad es eso que nos hace reconocibles y diferentes. Cuánto más trabajados y bajados a papel estén los elementos de nuestra identidad, más posibilidad y potencial de ser recordada tiene nuestra marca.

[17:48] Base estratégica #5 – Definir tus diferenciales. Los diferenciales son oportunidades de mejora y distinción que encontramos al salir al mercado y analizar la oferta.

[19:22] Base estratégica #6 – Definir tus pilares de comunicación. Los pilares que nos van a permitir atraer clientes son aquellos desde donde creamos contenido para enseñar, motivar, inspirar, recomendar o entretener. Para elegirlos y trabajarlo de manera efectiva deberíamos ponernos en lugar del cliente y averiguar qué necesita.

[20:38] Base estratégica #7 – Definir un plan de marketing. Este camino podemos hacerlo solas, leyendo de internet mil consejos y escuchando podcast cómo este para aprender cómo aplicar todos esos conceptos. O bien, se puede hacer con una mentora de marketing que revisa tus próximos ajustes o que te enseña a empezar para que puedas elegir y aprender a crear un modelo de negocio alineado a tus valores y tu vida.

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